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TESTIMONIOS Lunes, 16 de octubre del 2017

Cuatro historias de peruanos que inspiran con su labor

Conoce la historia de Fanny Zelado, Gerardo Torres, Richard Hidalgo y Jean Pierre Montalva.

Cuatro historias de peruanos que inspiran con su labor
Conoce la historia de cuatro personas comprometidas con su trabajo: Fanny Zelada, Gerardo Torres, Richard Hidalgo y Jean Pierre Montalva.

Si lo tuyo está más conectado con la adrenalina y el riesgo, entonces estas cuatro historias que te presentaremos a continuación pueden servirte de ejemplo. Aquí el trabajo sorprendente de una operadora de camión de mina, un hombre de seguridad, un montañista y un bombero.


FANNY ZELADA – Operadora de camión mina II

“Ingresé a Yanacocha como auxiliar de campo y después de un entrenamiento pasé a operar maquinaria pesada. Llevo 15 años manejando camiones gigantes en los que se transporta el mineral extraído de la mina al destino requerido.

Son distancias de cuarenta minutos en promedio pero el trabajo es de alto riesgo porque estamos expuestos a colisiones, derramamientos, o deslizamientos de roca y tierra. Por eso recibimos entrenamiento teórico y práctico así como capacitación sobre seguridad, primeros auxilios y el cuidado del medio ambiente.

Nos organizamos en dos turnos de doce horas que nos movilizamos el día completo. Comúnmente me levanto a las cinco de la mañana, me visto y desayuno. Me traslado del campamento a la mina con una mochila, agua y los implementos de seguridad: lentes, guantes y casco. A bordo del camión me siento segura, lo curioso es que antes de esta experiencia no sabía manejar.

En aquella época estudiaba computación pero nunca me dediqué a eso porque se me presentó la oportunidad de ingresar a la minera. Mi mamá no quería al inicio, porque me iba a ir lejos. Pero igual me fui. Ahora estoy casada y tengo un hijo de 14 años que está orgulloso de que su madre sea una de las pocas mujeres al volante de este tipo de maquinaria”.


GERARDO TORRES – Seguridad de MIQ Logistics

“Estudié Economía. Sin embargo mi oficio desde hace más de 30 años está relacionado a la seguridad. Primero fui jefe de seguridad y protocolo en el aeropuerto Jorge Chávez, luego trabajé en seguridad bancaria y desde hace poco más de 10 años, en transporte de carga peligrosa.

Cuando se transporta este tipo de carga se debe contar con información suficiente para tomar las precauciones necesarias y anticiparse a los peligros. Si bien, hay riesgos que son predecibles, el factor humano es muy delicado.

He recibido formación adicional en seguridad aeronáutica, logística y manejo de materiales peligrosos, como combustibles y sustancias químicas, que son ampliamente utilizados en proyectos mineros. Pero los años de experiencia pesan mucho.

Hace algunos años, en un viaje por la carretera Central, se volcó una cisterna de gas frente a mí. Si bien en ese momento no estaba trabajando, mi instinto me llevó a orientar en los procedimientos a la Policía que estaba cerca del accidente bloqueando el tráfico. Como el chofer quedó herido, no pudo seguirlos.

Les expliqué de la norma que indicaba que no debía haber nadie a menos de 800 metros. Fue necesario mover más de doscientos carros de la carretera para activar el plan de contingencia y que se pudiera manejar la situación de forma segura. Recién cuando se comunicó a las autoridades de carreteras sobre el hecho, volví a casa.

Pienso que si tuviera que volver a elegir, entre mi carrera y a lo que me dedico optaría por lo mismo. La satisfacción de ayudar a los demás compensa los sacrificios que se hacen en este oficio”.


RICHARD HIDALGO – Montañista y atleta The North Face

“Yo pasé por varias carreras. Primero me preparé para ser militar. Luego estudié en una academia de ciencias porque pensé que la profesión del futuro era Ingeniería de Sistemas. Sin embargo, los paros en las universidades estatales me cambiaron los planes y terminé estudiando Administración Turística en un instituto privado.

En la época universitaria, mientras leía El Comercio encontré un anuncio sobre un curso de montañismo que dictaba el Club Andino Peruano. Como era algo distinto, me inscribí y pese a que me dio soroche en una de las salidas seguí probando.

Cuando terminé mi carrera, que por cierto nunca ejercí, me fui a Huaraz. Me quedé varias temporadas, entre mayo y agosto que son las mejores épocas para realizar ascensos. Allí, me recurseaba como guía de montaña.

Mi mamá me preguntaba preocupada: “¿qué haces subiendo cerros? ¡Dedícate a algo útil!”. Pero no la escuché. Seguí acompañando a otras personas a cumplir sus sueños en la montaña y así descubrí lo que realmente quería ser.

Me profesionalicé como Guía Internacional de Alta Montaña. En el camino asumí todo tipo de retos: rutas verticales complicadas, ascenso en roca, hielo y nieve juntos. Y después de practicar en los nevados peruanos fui por los gigantes del Himalaya.

Mi reto al 2021 es escalar 14 montañas que alcanzan los 8.000 metros de altura y sin oxígeno. Para lograrlo realizo un entrenamiento funcional en el gimnasio, nado y practico bicicleta. No voy a decir que ha sido fácil. Pero en lugar de seguir una carrera convencional me fui por el montañismo. Era mi pasión y mira a dónde he llegado”.


JEAN PIERRE MONTALVA – Bombero

“Desde niño quise ser bombero, como mi abuelo. Hace tres años, cuando estaba por acabar Administración de Empresas en la UPC, postulé. Antes no podía porque como trabajaba y estudiaba no contaba con el tiempo que exige el cuerpo de Bomberos.

Para postular debes ser mayor de 15 años, trabajar o estudiar y vivir cerca de una compañía. Sin embargo, no es todo lo que se necesita. Además de pasar por evaluaciones físicas, psicológicas y varias entrevistas con altos mandos verifican tu disposición en cada etapa: como postulante, bombero alumno y así hasta que puedes vestirte de rojo y salir a atender emergencias.

Mi primer incendio fue el del almacén de la empresa Pamolsa, en el Callao. Recuerdo que estaba en pijama cuando en el chat de los bomberos, un compañero dio la alerta con un video. Las lenguas de fuego estaban a seis o siete metros de altura. Automáticamente me fui a la compañía para alistar los equipos y al llegar, la temperatura del lugar superaba los 700 grados centígrados.

Trabajamos de once de la noche a cuatro de la madrugada, descansando en intervalos de 30 minutos. Sentimos que la piel se quemaba, que el equipo no protegía tanto y que por momentos se dificulta la visión y respiración. Dormimos en la calle y nos despertaron dos personas de la zona con café y panes. Fue uno de los desayunos más ricos de mi vida. Y ese fue el momento donde me di cuenta que estaba en el lugar correcto.

Ser bombero es un estilo de vida. Voy a la compañía todos los días, después del trabajo y los fines de semana. En mi oficina, además de trabajar en Sistemas, soy Jefe de Brigada contra Incendios, el que capacita extintores y el que evacúa al final en caso de emergencia”.